Una edición con un número aciago, el 13, marca el sentido de tres días de pasividad general. La feria FENAVIN agoniza con ausencia de ilusión por parte de los expositores, casi todos institucionales, y los escasos visitantes, que se quedan atónitos ante los pasillos vacíos.
El sector esta expectante ante los acontecimientos internacionales; el exceso de convocatorias nacionales e internacionales ha agotado a compradores y vendedores. Los únicos que pululan por la feria son los políticos y las administraciones. También los invitados como ponentes, que ven con incredulidad la falta de asistentes a sus charlas, confiesan a micrófono cerrado que, si no fuera porque les han invitado a formar parte de mesas redondas, tampoco habrían ido.
Cabe ahora plantearse cuál es el futuro de esta feria, cara y ambiciosa desde el principio, que sobrevive por la tozudez y la financiación de la Administración local. ¿Tiene que reinventarse o desaparecer?
Pronto lo sabremos
MVD Redacción
