La recuperación de variedades tradicionales busca preservar el patrimonio vitivinícola y mejorar su adaptación futura. El proyecto ya ha identificado decenas de biotipos únicos en distintas zonas de la región. Los resultados abren nuevas oportunidades para el sector.El proyecto “Selección de biotipos autóctonos de variedades de vid castellanomanchegas”, impulsado por el Grupo Operativo Biovidman, ha completado su primera fase tras tres años de investigación centrada en la recuperación y conservación del material genético del viñedo en Castilla-La Mancha.
Coordinado técnicamente por la bodega La Niña de Cuenca, el proyecto ha permitido identificar una amplia diversidad de variedades, destacando especialmente los 99 biotipos distintos de Bobal recopilados en viñas viejas de diferentes zonas. Estos ejemplares, muchos de ellos en pie franco y libres de virus, reflejan la adaptación histórica de la variedad a distintos entornos.
Además de Bobal y Airén, el estudio incluye numerosas variedades minoritarias que forman parte del patrimonio agronómico regional. El objetivo es evaluar su potencial y facilitar, en el futuro, la disponibilidad de material vegetal certificado que contribuya a mantener la actividad vitivinícola y mejorar la calidad de los vinos.
Como parte del proyecto, se han establecido dos parcelas experimentales de dos hectáreas en Cenizate (Albacete) y Tomelloso (Ciudad Real), con condiciones climáticas distintas. Este diseño permitirá analizar el comportamiento de los diferentes genotipos en escenarios reales y avanzar en su selección.
La iniciativa responde a la creciente pérdida de diversidad genética provocada por el arranque de viñedos antiguos y a la necesidad de adaptarse a los efectos del cambio climático. En este contexto, las variedades autóctonas destacan por su mayor capacidad de adaptación y su potencial para diferenciar la producción.
En el proyecto participan también Vitis Navarra y el Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF-IVICAM), con financiación de fondos europeos FEADER, el Ministerio de Agricultura y la Junta de Castilla-La Mancha.
Los resultados obtenidos hasta ahora refuerzan el potencial del viñedo manchego y marcan el camino hacia un modelo basado en la diversidad, la sostenibilidad y la identidad propia en un mercado cada vez más exigente.
