El economista Manuel Hidalgo plantea una metodología para analizar los precios agroalimentarios más allá de la comparación origen-destino. El caso del aceite de oliva refleja cómo cada fase incorpora costes, riesgos y valor añadido.El precio de los alimentos no puede explicarse únicamente comparando lo que cobra el productor en origen con lo que paga el consumidor en el supermercado. Esta es una de las principales conclusiones del estudio Análisis de la cadena de valor agroalimentaria, elaborado por Manuel Alejandro Hidalgo Pérez, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide.
El trabajo, presentado junto a ASEDAS y CAEA, cuestiona los análisis simplificados que atribuyen las diferencias de precio a márgenes abusivos o a intermediarios especulativos. Según el informe, este enfoque deja fuera costes esenciales como la transformación, la logística, la conservación, la financiación, el riesgo comercial o la propia venta minorista.
La metodología propuesta divide la cadena en cuatro niveles: origen, transformación, mayorista y consumidor. Para comprobar su aplicación práctica, el estudio analiza cinco productos agroalimentarios: aceite de oliva, leche, pollo, limón y patata. Entre ellos, el aceite de oliva sirve como ejemplo para observar cómo se construye el precio final a partir de los costes y funciones de cada eslabón.
El caso del aceite de oliva ilustra esta lógica. Según el gráfico incluido en el informe, el precio parte de 2,35 euros por kilo en origen, pasa a 4,20 euros en la fase de transformación, alcanza 5,25 euros en el nivel mayorista y llega a 7,50 euros al consumidor. El estudio cifra el valor añadido total en 5,15 euros, asociado a procesos como molturación, envasado, almacenamiento, transporte, distribución y comercialización.
El informe sostiene que este incremento no responde, por sí mismo, a prácticas abusivas, sino a una acumulación de funciones económicas necesarias. En el aceite de oliva influyen además factores como la variabilidad de las cosechas, los costes energéticos, la disponibilidad del producto y las exigencias de calidad y conservación.
La conclusión general es que la cadena agroalimentaria española ha alcanzado un alto grado de eficiencia y que las variaciones de precios entre campañas responden, en buena medida, a factores económicos reales. El estudio pide sustituir los diagnósticos simplistas por análisis completos, con datos contrastados y representativos de todos los eslabones.
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