Manero, en la calle Marqués de Cubas en Madrid, resulta un local pequeño y oscuro, atestado de mesas que no cumplen el mínimo espacio ni para las sillas ni para los platos. Al limitado espacio se une un problema de olores de cocina, que te hace imposible disfrutar de la comida, y una música a tal volumen que cualquier conversación interesante queda fuera de la agenda.
Opinar sobre la cocina, ante el despropósito de todo lo demás, queda fuera de lugar.
Los precios imposibles, como por ejemplo 14 euros por una copa de vino tinto marca genérica de la casa, impiden ni siquiera disfrutar su bebida.
Conclusión: si puede, elija otro sitio para compartir, mantel con amigos o colegas profesionales.
