El ICVV y Marqués de Murrieta han desarrollado en el viñedo de Finca Ygay un proyecto que combina el estudio detallado de los suelos, nuevas prácticas agronómicas y monitorización hídrica para avanzar hacia una gestión más eficiente del agua y mejorar la adaptación del viñedo al cambio climático.
Conocer con precisión qué ocurre en el suelo y cuánta agua tiene disponible la vid se ha convertido en una herramienta cada vez más importante ante unas condiciones climáticas más variables. Sobre esta base se ha desarrollado el proyecto conjunto en Finca Ygay, liderado por José María Martínez Vidaurre, de Vitisgestion (ICVV-CAR).
Uno de sus principales trabajos ha sido la caracterización de los suelos de las cerca de 200 hectáreas de viñedo mediante herramientas de agricultura de precisión. El uso de sensores de conductividad eléctrica aparente y sistemas de georreferenciación ha permitido estudiar su variabilidad espacial y delimitar diferentes unidades dentro de la finca.
El estudio ha incluido la descripción de 85 perfiles de suelo y el análisis de 266 horizontes edáficos, a partir de los cuales se han identificado 36 tipos de suelo agrupados en siete grandes categorías. La cartografía obtenida permite conocer con mayor detalle las diferencias existentes entre parcelas y la relación entre relieve, roca madre, características del suelo y comportamiento de la vid.
Esta información puede utilizarse para ajustar las decisiones agronómicas a las condiciones de cada zona, evitando tratar de manera uniforme parcelas con características diferentes.
La disponibilidad de agua constituye el segundo gran eje del proyecto. En distintos puntos representativos de Finca Ygay se ha instalado una red de sondas de humedad que registra, prácticamente en tiempo real, el agua disponible en el suelo a diferentes profundidades.
Los datos de los sensores se combinan con indicadores fisiológicos de las plantas para analizar la respuesta del viñedo a las condiciones del suelo y del clima. Los primeros resultados han detectado diferencias significativas entre parcelas y tipos de suelo, lo que refuerza la conveniencia de adaptar el manejo hídrico a las características concretas de cada zona.
La información obtenida permite, entre otras aplicaciones, disponer de criterios objetivos para optimizar el riego y determinar cuándo y dónde resulta necesario aportar agua, una cuestión especialmente relevante ante episodios de altas temperaturas y periodos prolongados de sequía.
El proyecto no se limita a recopilar información. Los resultados obtenidos se están trasladando también al manejo agronómico de la finca mediante diferentes actuaciones dirigidas a conservar el suelo y utilizar de forma más eficiente los recursos disponibles.
Entre las prácticas implantadas figuran las cubiertas vegetales para reducir la erosión, la fertilización orgánica, la eliminación de herbicidas y determinadas labores destinadas a mejorar la estructura del suelo. A ellas se suma la utilización de los datos de monitorización para ajustar el riego.
La combinación del conocimiento detallado del suelo con información continua sobre la disponibilidad hídrica permite avanzar hacia una viticultura más precisa, en la que las decisiones se adopten en función de las necesidades concretas de cada parcela.
