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En la D.O. León la certificación de uva en una cosecha abundante se vio mermada por la contención de las bodegas en sus revisiones de elaboración ante el volumen acumulado por la caída de las ventas como consecuencia de la pandemia y la incertidumbre por sus imprevisibles consecuencias sociales.  La vendimia acabó con un total de 2,8 millones de kilos de uva calificada.

La Albarín se sobrepone a la caída generalizada y aumenta su producción en 85.000 kilos (330.000, 11,72% del volumen total de uva, frente a 205.440 de 2019), que permitirá poner en el mercado alrededor de 400.000 botellas.

La uva procesada es de nuevo de gran calidad y muy buenas condiciones sanitarias, y dará unos vinos blancos y rosados frescos y altamente aromáticos y unos tintos jóvenes raciales y extraordinariamente expresivos, manifiestan desde la Denominación.

Datos de la vendimia: Fecha de inicio, 7 de septiembre; fecha de finalización, 19 de octubre; superficie inscrita, 1.308,34 hectáreas; superficie productiva, 592,48 hectáreas; número de viticultores inscritos, 264, y número de bodegas inscritas, 40.

Condicionadas por los volúmenes acumulados en las bodegas como consecuencia de la caída del consumo durante los meses de confinamiento social —el periodo de mayor demanda de los vinos de la D.O. León— y el cierre del canal Horeca  durante ese mismo periodo —la barra más que la restauración es nuestra mejor salida—, las previsiones de calificación de uva por parte del Consejo Regulador se cumplieron casi con exactitud al haberlas situado entre los 2,75 y los 3,00 millones de kilos de uva. Esas reservas en bodega que posibilitan prolongar la presencia en el mercado de los vinos de 2019, todavía en plena vigencia en el caso de los jóvenes y con extraordinaria aptitud para la crianza en el de los tintos, y la incertidumbre del sector —de toda la sociedad en general— por las imprevisibles consecuencias y condiciones  que imponga la pandemia desatada por el coronavirus, han mermado la demanda de uva por parte de los  elaboradores y los han llevado a adoptar una actitud de cautela y responsabilidad por el temor a poner en peligro la viabilidad de la bodegas.

El ajuste al máximo de la cantidad de uva certificada de la que habrían de proveerse los elaboradores en una cosecha paradójicamente muy buena en calidad y cantidad —era la prevista como la de recuperación del viñedo tras las desastrosas y prolongadas consecuencias de las heladas de 2017—, que habría de devolver al Consejo Regulador a cifras por encima de los cuatro millones de kilos, saldó la campaña con poco más de 2,8 millones de uva certificada (-19,4 respecto a 2019), una cantidad suficiente para garantizar la presencia de sus vinos en la calle en unas condiciones de mercado normales.

En esa merma de producción calificada influyeron también las medidas adoptadas por las administraciones central y autonómica al incentivar la cosecha en verde para contener los excedentes a nivel nacional y a las que se acogieron algunos viticultores en una mala campaña para la actividad.

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