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Tras un año en blanco por la pandemia, el Salón de Vinos Radicales celebró su VII edición el 11 de abril en Espacio COAM de Madrid. Contó con una participación de 33 bodegas, además de la presencia de Japón como país invitado.

Consolidado ya como la cita imprescindible para conocer la otra cara del vino español –aquella que representan los pequeños viticultores identificados con los valores de singularidad, fidelidad a un paisaje, autenticidad, innovación, pasión, riesgo, inspiración y locura… que determinan la riqueza del vino– el Salón de Vinos Radicales celebró el pasado 11 de abril en Madrid su séptima edición, tras un año en “blanco” como consecuencia de la pandemia.

El encuentro de pequeñas bodegas y viticultores tuvo lugar en su escenario habitual (el Espacio COAM, en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid) el mismo donde se lleva a cabo el Salón de Vinos Radicales desde 2015, cuando sus organizadores, un grupo de profesionales de la comunicación ligados al mundo del vino reunidos bajo el nombre de Sindicato del Gusto, dieron a conocer el Manifiesto de los Vinos Radicales, reclamando la atención sobre el trabajo de los “últimos mohicanos de la viticultura”, aquellos que “nadan a contracorriente de la globalización del gusto, las imposiciones del mercado y la proliferación de los vinos fotocopia”.

La nueva edición de las más iconoclasta de las ferias vinícolas de este país contó con la participación de 33 bodegas procedentes de distintas comarcas vinícolas del territorio español (Ribera Sacra, Penedès, Montsant, Priorat, Alella, Cava, Manchuela, Mallorca, Méntrida, Cebreros, Menorca, Castilla la Mancha, Castilla y León, Ribera del Duero, Rioja, Terra Alta, Vinos de la Costa Cantábrica, Calatayud, Bizkaiko Txakolina, Bierzo, Gredos, Alicante y Pago Calzadilla), que reflejan la riqueza y diversidad del actual panorama de vinos auténticos en este país.

Acorde a su visión rompedora el Salón de Vinos Radicales puso en foco en esta ocasión las posibilidades de otras materias primas, más allá de las uvas, para elaborar “vinos” distintos, elaborados con procesos de fermentación y crianza que sintonizan con los fundamentos de la producción vinícola de alta calidad y la defensa de los valores de autenticidad, singularidad y diversidad que promueve el Manifiesto de los Vinos Radicales. La cata inaugural del Salón, a cargo del sumiller Carlos Echapresto (Venta Moncalvillo, Daroca de Rioja) y Federico Oldenburg (escritor vinícola, miembro del Sindicato del Gusto e impulsor del Salón de Vinos Radicales), centrada en los “vinos de miel” de Moncalvillo Maedery, se desarrolló con esta vocación innovadora, en busca de otros caminos para la elaboración y el disfrute vinícola.  La participación de Japón como país invitado en este VII Salón de Vinos Radicales también enlazó con esta concepción del vino, más allá del uva.

Como en ediciones anteriores, durante la celebración del Salón se entregó el premio Radical del Año, que en esta ocasión recayó en Ferran Centelles, reputado sumiller consagrado en los últimos años a promover la cultura del vino, como director del apartado vinícola de Bullipedia, autor de diversos libros y responsable de vinos vinos españoles para las publicaciones de Jancis Robinson. Este galardón se entrega cada año a una personalidad por su actividad en la defensa de los valores de singularidad, autenticidad y diversidad que define el concepto de “vinos radicales”.

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