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La nueva propuesta enológica, Dominio de Elbio, reafirma su entrada en Ribera del Duero con el lanzamiento de su vino más exclusivo, que lleva el mismo nombre. De la mano de la célebre bodega Chivite, el nuevo sello surge de la apuesta estratégica de la casa navarra por expandir su presencia más allá de su región de origen.

La finca de Dominio de Elbio está situada en el renombrado “triángulo mágico” de La Horra, Anguix y Roa, en la provincia de Burgos, que encapsula una tradición vitícola de más de 2.300 años. Desde los Celtíberos hasta la actualidad, los viñedos de Dominio de Elbio han sido testigo de una rica herencia que ahora se proyecta hacia el futuro bajo una mirada más expresiva.

Los viñedos de Dominio de Elbio abarcan una extensión de 60 hectáreas, 45 de las cuales están dedicadas al cultivo de la vid. Rodeados de bosques de robles, encinas, una aromática sabina y pinos, son un refugio de biodiversidad fundamental para la salud del ecosistema. La interacción de la flora con la fauna local, incluyendo corzos, jabalíes, lobos y una amplia variedad de aves, ofrece un paraje cautivador. Este enclave excepcional combina suelos arcillo-calcáreos y un clima diverso, proporcionando condiciones ideales para el cultivo de cepas de alta calidad.

David González, director técnico de Chivite (D.O. Navarra) y Viña Salceda (D.O.Ca Rioja), se ha unido a Dominio de Elbio como enólogo responsable. Con un fuerte vínculo personal con la zona, apuesta por vinos que muestran la pureza del terroir, con mayor expresión varietal y menos influencia de la madera, para construir una marca de vanguardia comprometida con la excelencia. “Creemos que los clásicos son eternos, pero también apuntamos al concepto de la frescura y expresividad redefiniendo la imagen de los vinos tradicionales de la región”, manifiesta González.

Así, tras presentar sus credenciales hace apenas un año con Salvio -el primer vino de Dominio de Elbio-, una redefinición de frutalidad y frescura, la joven enseña ha lanzado una segunda creación, que lleva el nombre de la finca y se ha elaborado con las mejores uvas de su viñedo. Representa, por tanto, la culminación de las características únicas del terroir y de la zona.

Con una producción limitada a 17.000 botellas, este tinto de gran intensidad y frescor, con doce meses de crianza, se concibe como un homenaje a La Horra y la visión audaz del proyecto. De color granate y aromas eminentemente frutales (frutas del bosque y fruta negra) y notas especiadas (nuez moscada y pimienta blanca), en boca resulta amplio y redondo, con un tanino muy pulido y alta persistencia. El resultado es un vino elegante y equilibrado, con potencia, y a la vez una frescura característica de las vides de este lugar único.

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