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La bodega del Barrio de la Estación de Haro lanza su primer blanco tras 35 años de trayectoria en Rioja. RODA I Blanco 2019 se elabora con tres de las variedades clásicas de los riojas de guarda: fundamentalmente Viura y una pequeña proporción de Garnacha Blanca y Malvasía de Rioja.

Tras 35 años de trayectoria en Rioja conociendo y explorando la Tempranillo, Bodegas RODA lanza su primer vino blanco, con el nombre de RODA I Blanco, de la añada 2019. Se trata de una etiqueta que surge después de cuatro años de pruebas y catas, que han desembocado en un vino de guarda, gastronómico, con buena acidez y, sobre todo, muy original.

Para Agustín Santolaya, director general de las bodegas Roda “los consejos reguladores van por detrás de la realidad del mercado y la tecnología pero somos respetuosos con el criterio”.

RODA I Blanco 2019 procede de uvas de viñas situadas en las cabezadas de los viñedos viejos localizados en el entorno de la bodega; terrenos pobres donde se plantaban algunas cepas de Viura, Garnacha o Malvasía de Rioja, variedades tradicionales riojanas con las que se elaboran los grandes clásicos blancos de la Denominación de Origen Calificada.

La orografía de la zona de Haro está formada por pequeñas lomas de viña cultivadas a todos los vientos. Las partes altas de las laderas, muy erosionadas por siglos de laboreo, son muy pobres y no se adaptan bien a la variedad Tempranillo. Antiguamente, estas cabezadas se utilizaban para plantar variedades blancas, más vigorosas y productivas que la Tempranillo. Son pequeñas zonas de varios cientos de cepas, justo lo que ocupan los suelos más descarnados.

Los suelos están formados por rocas sedimentarias alternas de areniscas y margas calizas y en las cabezadas en muchas ocasiones han quedado las areniscas a la vista. Estas Viuras viven directamente en el suelo del Terciario. Junto a ellas, se plantaban cepas sueltas de otras variedades, como la Malvasía de Rioja, la Garnacha Blanca y algunas que destinaban al consumo de mesa, como la Calagraño y la Moscatel, que en este caso se descartan.

Con base de Viura y pequeñas proporciones de Garnacha Blanca y Malvasía de Rioja, el mosto se macera en tinas de roble francés, para luego fermentar en esa misma tina y en bocoyes, también de roble francés. Es en estos últimos donde RODA I Blanco se cría durante 18 meses, a los que se le suman otros 18 de botella antes de ver la luz.

La idea de elaborar un blanco con el estilo de RODA surgió hace casi una década, y durante este tiempo, el equipo técnico ha estado trabajando en el origen, el perfil y la vocación de guarda del vino, hasta que en la añada de 2019 se han dado las condiciones idóneas para elaborarlo y lanzarlo al mercado. Durante ese año, la viña brotó tímidamente, debido a la sequía del invierno. Por suerte, 2018 había sido muy lluvioso y había humedad en las capas profundas. Fue un año seco pero muy benévolo con la vid, pese a las altas temperaturas de final de junio que se repitieron también en julio. Pero la resiliencia de las cepas viejas arrojó una maduración excelente y una cosecha magnífica, con alta calidad y poca producción.

En resumen: una añada con un resultado de excelencia, perfecta para lograr un vino blanco capaz de crecer en botella y convertirse en un clásico, del mismo modo que ya lo son sus “hermanos” RODA, RODA I y CIRSION, los grandes tintos de Bodegas RODA.

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