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Mercados del Vino y la Distribución publica en su Anuario una entrevista con Aurelio del Pino, presidente de ACES.

MVD. ¿Cómo fue el año 2023 para el sector? ¿Y cuáles son las perspectivas para 2024?

Aurelio del Pino (A.d.P.). En los últimos años hemos vivido una sucesión de eventos inesperados y poco probables que han alterado los planes estratégicos de empresas y sectores a medio y largo plazo.   

Durante los últimos dos años, el entorno inflacionario generalizado ha planteado un desafío significativo, especialmente para los supermercados, que han estado entre los sectores más afectados por el aumento de costes. Pese a ello, y como reflejan numerosos informes económicos, el sector ha jugado un papel crucial como moderador de precios, lo que ha supuesto, en muchos casos, un esfuerzo considerable al absorber parte de estas alzas en detrimento de los márgenes operativos.

Además, las empresas del sector han tenido que enfrentarse a una fuerte presión derivada del aumento de costes operativos y regulatorios, como el impuesto al plástico, impuestos que en ocasiones no han sido implementados de manera uniforme a nivel estatal y autonómico. Esto ha generado un entorno de gran complejidad para el sector.

Ante esta inestabilidad desde la cadena alimentaria reiteramos a las autoridades la importancia de evitar la introducción de nuevos costes que compliquen la operativa del sector, como aquellos que comportan las nuevas normativas de envases. Es esencial facilitar el desempeño de los supermercados y, al mismo tiempo, proteger el poder adquisitivo de los consumidores, favoreciendo un entorno económico más estable y accesible para todos.

MVD. Este año acaba con una catástrofe natural en distintas partes de España, especialmente en la Comunidad de Valencia. ¿Han estimado ya las pérdidas que supone para el sector de la distribución?

A.d.P. Sin duda alguna, los desastres ocasionados por la Dana han conmocionado no solo a la población de las zonas afectadas sino al conjunto de los españoles que han demostrado una gran generosidad y solidaridad con esos territorios. También ha afectado mucho a todo el tejido empresarial y por lo tanto a la distribución comercial.

Lo que sí han hecho las empresas es demostrar su compromiso con la población damnificada y su implicación directa en recuperar cuanto antes los niveles de actividad y empleo.

En este escenario, la cuantificación de daños, siendo muy importante, hay que enfocarla no sólo en los destrozos directos sino también en los daños colaterales que ha supuesto para agricultores y ganaderos, industria, logística, etc. y en las condiciones de vida y capacidad de compra del conjunto de los ciudadanos y va mucho más allá de las zonas directamente damnificadas.

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