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Cooperativas Agro-alimentarias de España ha celebrado varias reuniones para analizar la situación de la sanidad vegetal en el olivar y el viñedo, fruto de su participación en el proyecto europeo SUPPORT. Esta iniciativa, liderada por la Universidad de Wageningen (Países Bajos), ha realizado miles de encuestas a agricultores y entrevistas.

Principales conclusiones en el viñedo

Las enfermedades fúngicas se mantienen como el principal desafío sanitario del viñedo, con el oídio en primer lugar, seguido de mildiú, botritis y hongos de la madera. Entre las plagas, la polilla del racimo sigue siendo la más relevante, aunque el mosquito verde y la araña roja ganan protagonismo debido al aumento de las temperaturas asociado al cambio climático.

El azufre continúa siendo la materia activa más utilizada, muy por delante del glifosato, con una media de siete tratamientos por campaña concentrados entre abril y agosto. Existen, sin embargo, amplias diferencias según la región y el tipo de producción. Entre las buenas prácticas destacan las estrategias colectivas de trampeo en denominaciones de origen y cooperativas, así como el acceso a asesoramiento técnico a través de programas ATRIAs. Según las estimaciones, si los viticultores dejaran de aplicar fungicidas, las pérdidas por enfermedades pasarían del 12 % al 40 %, pudiendo llegar a la pérdida total de la cosecha en años especialmente húmedos.

Situación del olivar

En el olivar, los principales problemas fitosanitarios son la mosca del olivo, el repilo, la verticilosis y la polilla Prays oleae, junto con plagas emergentes como el algodoncillo. Las pérdidas actuales se sitúan en torno al 15 %, cifra que podría duplicarse sin herramientas fitosanitarias. La retirada de sustancias activas como clorpirifos, fosmet, dimetoato, mancozeb o clorsulfuron ha supuesto un reto importante para el sector. No obstante, la introducción del trampeo y las políticas de formación en gestión integral de plagas están contribuyendo a mantener el control de las principales amenazas gracias al compromiso de los agricultores con un manejo integral del agrosistema.

El número medio de tratamientos alcanza tres por hectárea en secano, con un coste de unos 91 euros por hectárea, y algo más en regadío, alrededor de 200 euros.

Tendencias y perspectivas futuras

De cara a la próxima década, se prevé una transformación profunda en la gestión integrada de plagas, orientada hacia aplicaciones más específicas y eficientes impulsadas por la digitalización, la escasez de mano de obra y las nuevas técnicas genómicas. Está previsto que la robótica y la maquinaria autónoma desempeñen un papel destacado en el viñedo, mediante el uso de cuchillas intercepas y tecnología ultravioleta de efecto fungicida.

Los sistemas de apoyo a la decisión basados en inteligencia artificial, conectados a sensores y redes de alerta, serán herramientas clave, al igual que el uso de drones para tratamientos localizados. Además, los productos de bajo riesgo y el control biológico ganarán peso, con el uso de hongos entomopatógenos y enemigos naturales como Metarhizium o Crisopa en olivar y Trichoderma en viñedo, junto con trampas sensorizadas. También llegarán nuevos herbicidas como Icafolin, llamados a complementar o sustituir al glifosato, mientras que los productos basados en tecnología RNA podrían tardar más en generalizarse.

El informe subraya que el asesoramiento agronómico seguirá siendo esencial en el futuro de la sanidad vegetal. En este ámbito, las cooperativas desempeñarán un papel decisivo mediante la digitalización y el uso de herramientas como el cuaderno de campo cooperativo C3 y el sistema SIGCEX, que permiten registrar operaciones, seguir la evolución territorial de plagas y planificar estrategias de control más precisas basadas en información histórica y contextual.

 

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