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Según un artículo de Richard Halstead publicado por Wine Intelligence, en Suecia el regreso a la normalidad en el consumo de vino se habrá iniciado el recién pasado 1 de julio, cuando –como es costumbre en el país– “Las grandes ciudades se vacíen y una miríada de islas en los lagos y en el mar Báltico se llenen de suecos que aprovechan al máximo el buen clima, los largos días y la oportunidad de relajarse durante hasta cuatro semanas”.

Se espera que lo anterior fomente el consumo de vino y el mercado abandone la situación creada por la pandemia y vaya volviendo a sus anteriores tendencias a largo plazo, entre ellas los problemas para conseguir que los adultos jóvenes consuman vino.

Pero los efectos del Coronavid-19 seguirán actuando. Así Halstead afirma que “en años normales, los aeropuertos se habrían llenado de turistas suecos en su camino hacia el Mediterráneo y más allá, pero en 2020, se pronostica que el turismo interno conseguirá una mayor parte del pastel gracias a las restricciones que rodean los viajes aéreos”.

Es probable que el impulso del turismo interno, más el alivio por la llegada de las vacaciones de verano, aumente el volúmen de vino consumidos en Suecia en 2020 por primera vez desde 2015. Se espera también que se reduzca el precio neto por botella equivalente, revirtiendo la tendencia de los últimos cinco años de aumentos de precio y calidad.

Sin embargo, la tendencia a más largo plazo sugiere que este cambio relacionado con el Covid-19 es poco probable que se mantenga. “Como se detalla en nuestro nuevo informe Suecia Wine Landscapes 2020 publicado hoy” afirma Halstead, “las empresas deben planificar como hacer frente a algunos de los cambios fundamentales de los consumidores de vino y sus actitudes”. Al igual que con otros mercados, en Suecia se ha tendido a beber menos alcohol, pero de mayor calidad, algo especialmente impulsado por los consumidores más jóvenes, urbanos e influyentes. “En el caso particular de Suecia, las políticas del monopolio minorista de alcohol, Systembolaget, han fomentado esta tendencia. Los suecos han demostrado un conocimiento cada vez mayor de la categoría de los vinos y los consumidores están dispuestos a aceptar los precios más altos para ampliar el repertorio de vinos, conocer nuevos y adoptar conceptos como los vinos orgánicos, que ahora representan más de 1 de cada 5 botellas vendidas”.

Por otra parte, los suecos han ido extendiendo sus costumbres de bebida del vino más allá del tradicional tomar un vaso con comida, Así, el beberlo en situaciones no alimentarias ha crecido en los últimos años. Quizás relacionado con esto, los consumidores suecos han aprendido a beber vinos espumosos, cuyo volumen ha crecido un 60% en los últimos cinco años, siendo el mayor beneficiario el Prosecco, que duplicó a más de un millón de cajas entre 2015 y 2019.

Sin embargo, los suecos más jóvenes no se entran en el vinos con tanta fuerza como hace 10 años. La combinación de una creciente cultura de moderación y emoción proveniente de otras bebidas, como la cerveza y la ginebra, hace que el vino dependa cada vez más de los consumidores de mayor edad. Sin embargo, concluye Halstead, “esto crea una oportunidad potencial en el futuro no solo para opciones de vino alternativas (bajas y sin alcohol) sino también para formatos de envasado alternativos, especialmente no de vidrio y en tamaños más pequeños que lo tradicional.

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