Una revisión científica propone un cambio de paradigma en la comprensión de la yesca de la vid. La enfermedad ya no se explicaría solo por patógenos, sino por el desequilibrio del sistema planta-microbioma-ambiente. El trabajo, recogido en la web del ICVV, abre nuevas vías para su manejo en el viñedo.
La yesca de la vid, una de las enfermedades de la madera más complejas y destructivas, podría entenderse desde un nuevo enfoque que va más allá de la presencia de patógenos concretos. Así lo plantea una revisión publicada en FEMS Microbiology Ecology, según se puede leer en la web del ICVV (https://doi.org/10.1093/femsec/fiag028).
Durante décadas, la investigación ha tratado de explicar esta enfermedad a partir de hongos asociados como Phaeomoniella chlamydospora, Phaeoacremonium minimum o Fomitiporia mediterranea. Sin embargo, estos microorganismos también se encuentran en plantas sin síntomas e incluso en tejidos aparentemente sanos. Además, los ensayos de inoculación no reproducen de forma consistente los síntomas típicos observados en el campo.
Ante esta aparente contradicción, el artículo propone interpretar la yesca desde el paradigma del patobioma. Este concepto entiende la enfermedad como el resultado de la interacción entre la planta, las comunidades microbianas que la habitan y las condiciones ambientales. En este contexto, lo relevante no es solo qué microorganismos están presentes, sino cómo se comporta el conjunto del sistema, o holobionte, y su respuesta ante situaciones de estrés.
El trabajo destaca el papel clave del ambiente. Factores como la sequía, las altas temperaturas o determinadas condiciones del suelo pueden alterar el equilibrio del microbioma de la vid y provocar disbiosis, es decir, una pérdida de estabilidad en estas comunidades. Estos cambios pueden ir acompañados de alteraciones en la fisiología de la planta, especialmente en el sistema vascular, y favorecer la aparición de síntomas como el “tigreado” de las hojas o la apoplejía.
La revisión propone además una visión dinámica de la enfermedad, estructurada en varias fases: una etapa inicial de colonización latente, una fase de desestabilización inducida por estrés, una reprogramación funcional del microbioma y, finalmente, la expresión de síntomas. Este modelo ayuda a explicar por qué la yesca puede permanecer latente durante años y por qué su aparición varía entre campañas, parcelas o incluso entre plantas del mismo viñedo.
Más allá del plano teórico, este enfoque tiene implicaciones prácticas. Los autores señalan que las estrategias de control deberían centrarse no solo en reducir patógenos, sino también en preservar la estabilidad del microbioma y reforzar la resiliencia de la planta frente al estrés. Esto abre nuevas perspectivas en el manejo del suelo y del riego, el uso de microorganismos beneficiosos y el desarrollo de herramientas de diagnóstico precoz basadas en tecnologías multi-ómicas.
En un contexto de cambio climático, marcado por un aumento de los episodios de estrés abiótico, esta nueva visión puede contribuir a diseñar estrategias más eficaces y sostenibles para proteger la salud del viñedo.
