UPA destaca que los buenos datos a nivel macroeconómico no deben ocultar los numerosos problemas que afrontan miles de explotaciones, especialmente de agricultura y ganadería familiar. 2025 ha sido un año bueno para la agricultura a nivel general, a excepción de algunos productos como el vino.
La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) ha presentado su balance agroganadero de 2025, un año que, pese a los buenos resultados macroeconómicos del sector agrario, deja una situación económica compleja para miles de explotaciones, especialmente de agricultura y ganadería familiar. A continuación, hacemos un pequeño balance de los más significativo del balance que se puede descargar en este enlace.
A nivel productivo, 2025 ha sido un año positivo en términos generales, con excepciones como el sector vitivinícola, la remolacha o los cítricos. Sin embargo, varios sectores han sufrido importantes caídas de precios en origen, entre ellos el apícola, el olivar y los cereales, lo que supondrá una pérdida de renta para numerosos agricultores y ganaderos.
UPA prevé un incremento global de la renta agraria impulsado por frutas y hortalizas, aunque insiste en que estos datos no deben ocultar la diversidad del sector ni las dificultades estructurales, climáticas y sanitarias que afectan a muchas explotaciones.
En el ámbito europeo, la organización muestra su rechazo a la propuesta de la Comisión Europea para el Marco Financiero Plurianual 2028-2034 y la reforma de la Política Agraria Común (PAC), que ha generado un amplio consenso en contra. UPA reclama un presupuesto suficiente para la Unión Europea y un presupuesto propio y adecuado para la PAC, y rechaza el modelo de “fondo único país” y la reducción del presupuesto agrícola.
A nivel nacional, UPA destaca los avances del Acuerdo de las 43 Medidas firmado con el Ministerio de Agricultura, como la prórroga del cuaderno digital y la modificación del Real Decreto de nutrición de suelos, adaptados a la realidad de las explotaciones familiares. Al mismo tiempo, expresa su preocupación por el retraso en la tramitación de la Ley de Agricultura Familiar, considerada una necesidad urgente para el futuro del sector.
Por sectores, el balance de 2025 es especialmente negativo para el olivar, con fuertes caídas de precios, y para la viticultura, que cerró la campaña con una de las cosechas más bajas del siglo, marcada por problemas climáticos y fitosanitarios, bajos precios y una reducción de existencias.
Olivar
Durante al año 2025 se ha producido una tremenda bajada del precio en origen que no tenía ningún sentido en base a la limitada producción y a un consumo en clara tendencia al alza. Como anunciamos en todo momento, se comercializó todo el aceite producido y esto podría haberse producido con precios más altos que hubieran compensado el alto coste de producción del olivar tradicional. La nueva campaña viene con mucha incertidumbre en cuanto a producción tanto de aceituna para almazara como aceituna de mesa. Los precios de la aceituna de mesa se han situado por debajo de los existentes en el 2024.
Viticultura
La campaña 2025 se ha cerrado con una cosecha de vino de aproximadamente 34 millones de hectolitros, lo que la sitúa como la segunda más escasa del siglo en España —solo superada por la de 2023— y muy por debajo de la media histórica (40–43 millones de hectolitros). Las existencias vinícolas también registrarán un descenso del 1,4 %, lo que representa una pérdida de 439.788 hectolitros, dejando los niveles por debajo de la media de las últimas cinco campañas.
A pesar de que la temporada empezó con expectativas moderadamente optimistas tras unas lluvias primaverales generalizadas, la evolución climática y fitosanitaria terminó por condicionar negativamente el volumen final. Los daños provocados por el mildiu —especialmente en Andalucía, La Rioja y Castilla y León— y los repetidos episodios de pedrisco redujeron de forma significativa la producción prevista. Posteriormente, las muy altas temperaturas de agosto —reforzadas por la ola de calor más intensa registrada en el país—, junto a la ausencia casi total de precipitaciones, agravaron las pérdidas. Las comunidades más afectadas fueron Castilla-La Mancha, La Rioja, Extremadura, Andalucía y Castilla y León.
Como consecuencia, la vendimia 2025 se integra en un contexto de crisis estructural del sector vitivinícola español: las cantidades recogidas resultaron claramente insuficientes, el stock se redujo a niveles bajos -casi en un 1,4 % y (439.788 hl)-, y los precios de la uva siguen sin alcanzar lo necesario para cubrir los costes de producción. Esta combinación de bajos rendimientos y precios deficiente representa una presión severa, que junto al contexto geopolítico e inestable –marcado por los aranceles de Trump- pone en riesgo la sostenibilidad del sector a medio plazo.
