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Según un estudio realizado por la UOC, tras el Covid los expertos identifican  tres perfiles de turista: el preocupado, el pragmático y el escéptico. Los investigadores vaticinan una tendencia continuista en el turismo de masas y de sol y playa de cara al verano de 2022.

La pandemia de la COVID-19 ha alterado una gran variedad de actividades y situaciones desde su origen, a principios de 2020, a escala global. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y publicado en acceso abierto en el Journal of Tourism Futures, ha analizado la influencia de la percepción del riesgo sanitario de viajar inmediatamente después de la primera ola de la COVID-19 y ha identificado diferentes perfiles de turista, así como sus motivaciones.

“Las personas han tenido diferentes reacciones en relación con su comportamiento como turistas. Unas personas han presentado señales de querer cambiar sus hábitos de consumo y su manera de hacer turismo, mientras que otras no lo han hecho o solo lo han hecho muy superficialmente”, comenta Francesc González, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC y miembro del grupo NOUTUR (Nuevas Perspectivas en Turismo y Ocio) de la UOC, quien ha liderado este estudio junto con los investigadores de la UOC Joan Miquel Gomis y Pablo Díaz.

Perfiles de turista

La investigación identifica tres perfiles de turista en función de su intención de cambiar sus hábitos turísticos y su comportamiento de cara al futuro en la manera de organizar un viaje y decidir cuándo y cómo visitar determinados lugares.

El primer perfil hace referencia al turista preocupado, que manifiesta querer cambiar su modo de vivir tras la pandemia y, por tanto, su forma de viajar.

El segundo perfil se identifica con el turista pragmático, un tipo de persona que es sensible al riesgo asociado al turismo, pero que no realiza cambios profundos en su modo de viajar. “Este tipo de turista solo cambia su comportamiento temporalmente, mientras dure la pandemia”, destaca González.

Por último, el turista escéptico es aquel que no quiere cambiar ni el comportamiento ni sus hábitos de viaje, no muestra aversión al riesgo y manifiesta la voluntad de seguir desplazándose a lugares de turismo de masas.

Estos perfiles, bastante heterogéneos sociodemográficamente según el investigador de la UOC, se han elaborado a partir de encuestas a 500 turistas españoles durante la primavera de 2020, tras la primera ola de COVID-19 y el confinamiento. En este momento, aún no se contaba con una vacuna y nos encontrábamos al inicio de la pandemia. De las personas encuestadas, el 33,7 % eran hombres y el 66,3 % eran mujeres, con edades entre 35 y 45 años, y 46 y 54 años. En cuanto al nivel de estudios, el 53,5 % tenía un nivel medio y el 33 % estaba graduado en el momento de la encuesta. Además, el 79 % se encontraba trabajando, mientras que un 21 % estaba desempleado.

Además, otra de las conclusiones que arroja este estudio es que las personas han reaccionado de formas muy dispares, sin importar el hecho de haber o no pasado la enfermedad. “Sorprende que no exista una relación directa entre las personas que se han visto afectadas personalmente por la enfermedad o han tenido contactos estrechos y el cambio de comportamiento como turistas o en la manera de vivir”, afirma González.

Tendencias a corto plazo en el turismo

A pesar de que enfermedades como el coronavirus se transmiten más rápidamente debido a la globalización, especialmente en áreas con un elevado número de habitantes, según los autores, el comportamiento de una parte de los turistas ha cambiado más bien “a corto plazo”. “Aunque la pandemia ha generado un debate intelectual acerca de la nueva conciencia global en torno a que ‘somos muy poca cosa’ como especie, los resultados del estudio apuntan a que no existe un temor generalizado a continuar viajando en el futuro, ni a hacerlo de manera radicalmente diferente”, apunta González.

De hecho, los investigadores de la UOC inciden en que la percepción del riesgo se construye socialmente, por lo que por sí misma no es suficiente para hacer cambiar a las personas si no va acompañada de otras medidas, como la sensibilización o la educación. Es más, el cambio de comportamiento “depende más de factores como la actitud ambiental o la visión previa del mundo que tienen los individuos”, remarcan los autores.

Aunque en los momentos de recuperación tras las olas iniciales se hablaba de un cambio de hábitos y preferencias en el sector turístico —como una mayor tendencia al turismo de naturaleza o a visitar destinos rurales—, actualmente hay un importante número de turistas que, a largo plazo, siguen confiando en lugares tradicionales de turismo de masas de sol y playa. “Una importante mayoría de turistas no asocian viajar a estos lugares con una mayor cantidad de gente con tener un mayor riesgo de contraer la enfermedad. Es más, en muchos casos, los perciben como lugares seguros”, asevera el investigador de la UOC.

Si bien es cierto que en un primer momento las caídas en las cifras de turismo supusieron pérdidas millonarias para el sector, actualmente se aleja esa creencia de que el turismo de masas “vaya a desaparecer”. Por ejemplo, actualmente, las cifras de visitantes que se están empezando a recoger con previsiones para el verano de 2022 confirman una tendencia continuista de este tipo de turismo de masas.

“Aunque nuestras aportaciones son claras, es necesario que se realicen muchos más estudios empíricos que arrojen nuevos datos para poder medir con eficacia la influencia de la pandemia sobre diferentes aspectos del comportamiento turístico”, concluye González. El experto señala que, aunque existen numerosos artículos sobre la relación entre el turismo y la COVID-19, la mayoría la abordan como una discusión teórica, una opinión personal o una pura especulación, sin aportar datos o información basada en el trabajo de campo.

 

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